I'm A Legend: Episodio 1

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Hace mucho tiempo que quería inaugurar esta sección, pero no me animaba, no me animaba... creo que lo dije antes, pero de entre todos los blogs que tomé como ejemplos a seguir cuando empecé KCorner, uno de ellos fue Dramabeans, con sus noticias, sus comentarios, y sobretodo sus revisiones largas, ingeniosas, divertidas e interesantes. Hace ya bastante que quería comenzar a escribir mis propias recapitulaciones, pero no soy muy buena... soy de la clase de persona que sólo narra lo que ve, por no mencionar que poseo casi cero habilidad en resumir. Pero si algún día iba a hacerlo - y tengo en claro que quiero hacerlo - en algún momento tenía que empezar a practicar. Así que, sin más... les traigo la revisión del primer episodio de I'm A Legend

Espero críticas. Si les gustó, si no les gustó, si pareció aburrido, si fue muy largo, si debería agregar más opiniones propias, si debería poner más imágenes... estoy a su disposición. Díganme cómo quieren que lo haga XD
Bye Bye Sea - BU - 01 내 맘이 말을 해




Episodio 1:
Se abre el telón del drama en medio de gritos y ovaciones: un parque abierto, lleno de gente levantando los brazos y gritando; un escenario repleto de luces, con parlantes vibrando ante la fuerza de la música y, en el centro de todo esto, una banda. Cinco mujeres reverberando de pasión, y su canción que está volviendo loca a la multitud:
“Todo el mundo ha llorado al menos una vez por amor…
Todo el mundo ha sonreído al menos una vez por amor…
Eso es el amor, amor, amor, amor.
Una persona que jamás se ha visto en algo tan común como el amor;
Una persona que se ha visto tantas veces en algo tan común como el amor;
Eso es el amor, amor, amor, amor.
El amor hace llorar al corazón, y por eso uno llora por amor.
El amor te hace feliz al corazón, y por eso uno sonríe por amor. Hey!
Una persona que jamás se ha visto en algo tan común como el amor;
Una persona que se ha visto tantas veces en algo tan común como el amor;
Eso es el amor, amor, amor, amor…”
Entonces la cantante abre los ojos, y vemos que el público, el escenario, las luces, los gritos… todo ha desaparecido. En realidad están en un diminuto salón vacío, y un hombre viene a increparles, diciéndoles que ya se les ha acabado el tiempo.
Resulta que las mujeres usan este bar vacío durante el día para vivir un momento de sueños, pero al tocar la hora todas regresan a sus ropas normales y con ello, también, a sus vidas.

Kang Soo In avisa, desde el asiento de la batería, que probablemente no podrá llegar a la próxima reunión – el “debut” de sus chicos está a la vuelta de la esquina. Lee Hwa Ja, encargada del bajo, parece lista para renunciar a su trabajo en cualquier momento: cuenta que tiene un conocido al que le ha contado de sus prácticas rutinarias, y que si así lo quieren, podrían comenzar a tocar en algún lugar que tuviera público. Hwa Ja se ve muy entusiasmada ante la idea, pero la cara seria de la líder, la cantante, nuestra protagonista Jeon Seol Hee dice exactamente lo que piensa: ‘Cállate y deja de decir tonterías’.



Seol Hee se despide de sus amigas y sale del barsucho, fuera del cual la espera un auto negro, sobrio y lujoso, con todo y chófer al lado abriendo la puerta – una imagen que choca completamente con la zona de la ciudad. Por si el traje cuidado (y de gusto anticuado) que lleva no es pista suficiente, es seguro asumir que la mujer proviene de una familia con dinero y estima.


Su destino próximo es un edificio de semejante lujo e intimidad que me hace dudar de si se trata de su casa o un spa profesional – cualquiera sea el caso, recibe un tratamiento digno de una estrella: una baño de burbujas, masajes, terapia de piedras… se deja maquillar y peinar como una muñeca, sin mover un dedo mientras un auténtico ejército de mujeres la adornan al compás de una tranquila pieza de música clásica, en perfecta armonía con la decoración del lugar. Momentos después observa junto a su suegra, la Señora Hong, a un grupo de hermosas mujeres desfilando vestidos igualmente hermosos, sonriendo en paz mientras ésta hace todos los comentarios pertinentes. La tarde de ensueño no termina allí – van a una joyería, a la cual la Señora Hong ha encargado un collar exclusivo especialmente para ella, ya que aquél es un día muy importante.

Hasta aquí tenemos la postal ideal de una vida perfecta… que no tarda en ser hecha un bollo y arrojada a la basura en el momento justo en que nadie está escuchando, que es cuando la Señora Hong, si tan siquiera girar la cabeza, dice al aire:

“Ten cuidado de no cometer error alguno. Y si puedes, mantén la boca cerrada. No seas la que inicie una conversación. 



… Por qué tengo que sentirme tan inquieta en un día así de bueno por causa tuya.”


La plácida sonrisa de Seol Hee vacila, pero en cuestión de un par de parpadeos está allí de nuevo. Parece, pues, que esta no es la primera vez que la Joven Señora es tratada así.

Se trata de un día muy importante para Cha Ji Wook, el marido de Seol Hee, porque se trata de una celebración para festejar su nombramiento como el Representante más joven de Jichunmyeong, una de las firmas de abogados más célebres de toda Corea. Cha Ji Wook habla con visión y convicción, mientras Seol Hee está a su lado, mirándolo orgullosa, y los flashes de las cámaras iluminan sus costosos trajes, su collar exclusivo, su peinado, su maquillaje y su piel brillante.
Al momento en que las cámaras capturan sus espaldas, sin embargo, la misma escena se reproduce: su esposo le dice que se quede callada, que aún si le hablan sólo sonría y que busque la forma de irse antes.
Seol Hee queda sola en un mar de gente sofisticada con la que momento a momento se vuelve más evidente que no encaja; al hablar con unos miembros de la firma le presentan una pregunta que no sabe responder, ante la cual escapa tácticamente fingiendo que alguien más la llama. Va a donde su suegra, que está charlando junto a las esposas de otros hombres, pero en cuanto sale el tema de su educación y de “¿A qué universidad fue usted?”, la Señora Hong la manda a buscar a su cuñada, en un sutil ‘lárgate de aquí´ que no se le escapa a Seol Hee, ni a nosotros tampoco.

Encuentra a su cuñada en el justo momento en que ésta se queja con sus compañeras, diciendo que todo el mundo debería hacer un chequeo previo antes de aceptar a alguien en sus familias, porque no tiene nada de qué hablar con su nueva ‘hermana’. Seol Hee se le acerca desde atrás, con su mejor cara de ‘no escuché nada’, y le dice que su madre la está buscando. El grupo se dispersa y, una vez más, ella se queda sola.
Por si la noche no resultara ya lo suficientemente difícil, observa a su esposo, ya no tan ocupado, charlando de lo más distendido con otro hombre y una mujer, riéndose y completamente en su elemento.
La siguiente escena nos lleva al baño, justo cuando entran un par de empleadas de Jichunmyeong, cuchicheando en voz no muy baja: una de ellas se pregunta lo mismo que todos nosotros – ¿Cómo llegó Seol Hee a estar casada con Cha Ji Wook? Es evidente que no hay mucho amor en esa familia, si es que lo hay en el matrimonio mismo. Ahí es cuando su compañera le cuenta todo; entre exclamaciones como “Es verdad!” y “No lo puedo creer!”, escuchamos que Seol Hee era mujer que, recién graduada de la secundaria, había entrado a trabajar como empleada en esa misma firma y que había seducido al Abogado Cha.
Como no podía ser de otra manera, Seol Hee en persona está escuchando todo dentro de un cubículo, y por su rostro ni sorprendido ni indignado sino reminiscente vemos que ésta no es la primera vez que escucha semejantes palabras. Las mujeres continúan hablando de la razón por la que logró casarse – después de todo, la familia del Abogado Cha no parecía de aquellas que permitirían cualquier unión – y una de ellas le explica a la otra que, siendo que su familia justamente posee cierto sentido de honor, Seol Hee utilizó la táctica de decir “Estoy embarazada”. Entonces su amiga dice que no bromee, que el Abogado Cha no tiene hijos, ante lo que ella responde “Perdió al bebé poco después del matrimonio”
“ La familia del Abogado Cha debe de haber pensado que era absurdo” 
“ Ya habían permitido el casamiento y no querían hacer de su hijo un divorciado, así que realmente deben odiarla.” 

“ ¿Y escuchaste?” 

“ ¿Qué?” 
“ A esa mujer, la expulsaron de su secundaria de mujeres.” 
“ ¿En serio?” 
“ Supuestamente era famosa en su vecindario, por ser una oveja negra. Es una cazafortunas y tiene mal carácter”
Odio a la gente chismosa como éste par. ¿No dan ganas de darles su merecido?

Aparentemente Seol Hee y yo compartimos mentalidad, porque justo cuando las señoritas deciden que se han quedado mucho tiempo empolvándose la nariz, una puerta se abre de golpe y del cubículo sale ella, dejándole los rostros más pálidos que el polvito tapa-granos.

Seria como un verdugo, Seol Hee observa cómo las empleadas bajan la cabeza y una de ellas pide perdón por ambas. Entonces sonríe, con una de esas sonrisas tranquilas que ha puesto durante toda la noche, y dice con suavidad: “Es todo verdad”. Continúa diciendo que sería mejor para ellas volverse unas cazafortunas y agarrarse a alguien, pues ser tan jóvenes y trabajar sirviendo en fiestas y chismoseando en los baños es demasiado triste.
La tranquilidad y confianza de Seol Hee se desvanecen en el instante en que se encuentra sola; con su cartera en una mano y un par de costosos zapatos en la otra, camina derrotada y con los hombros caídos sobre la suave alfombra del pasillo, silenciando sus pasos. Esta es una mujer completamente diferente a la que entró por la puerta horas atrás – es, quizás, la primera vez en todo el día que vuelve a ser ella misma, desde que dejó el bar y sus canciones.





¿Qué puede hacer para animarse, pues? Fácil: 
Cantar más canciones. Y a tomar algo de alcohol, que siempre ayuda. En una escena tan graciosa como penosa, vemos a Seol Hee rasgando una guitarra imaginaria, sacudiendo el micrófono de un lado a otro y elevando una pierna de una forma muy poco elegante, muy rara en semejante vestido.
Al rato aparece Hwa Ja, quien la abraza diciendo “Me llamaste hasta aquí pero ya tienes montado todo un número en solitario”, para después apagar la música y preguntarle si sucedió algo. Seol Hee evade la pregunta y a cambio la invita a beber, explicando que las otras chicas están ocupadas. Hwa Ja sabe ver más allá de su fachada y le pregunta si sus suegros le han vuelto a hacer las cosas difíciles, para después decirle que no tiene sentido deprimirse, ya que ella haría cualquier cosa por poder vivir con semejante lujo.

Seol Hee se ríe y dice que, de ser algo más joven, podría convertirse en una actriz. “Mi actuación ha mejorado mucho desde que llegué a esa casa. Pero aún no soy nada comparada a ellos. Todos son actores.” Sin embargo tiene todo lo que podría desear, así que no debería quejarse. Tiene a Cha Ji Wook, y eso es suficiente. Ah, Seol Hee está enamorada de su esposo, o al menos el mal trato de sus nuevos familiares no ha acabado con el cariño que siente hacia él.  Más que la riqueza o la comodidad, es éste cariño el que sin duda le hace más fácil sonreír todo el día. Hwa Ja dice exactamente lo mismo que se me pasa por la cabeza: “Chica loca.”


El karaoke sólo es la primera parada: pronto mudan fiesta a un boliche, donde Señora de Cha baila como una adolescente en su vestido de colección y su collar de Suiza. Y siempre bebiendo, claro está. Estando allí se cruzan con una vieja conocida, Ran Hee, que fue allí a cantar. Ran Hee no parece tan feliz de verlas como Seol Hee. Al parecer la mujer siguió adelante con la música e incluso salió en televisión, pero los últimos años dejó de aparecer. Seol Hee la invita a las prácticas del grupo, diciendo que le gustaría que practicaran juntas – pero Ran Hee tira la carta de que no se puede, porque a diferencia de ellas, Ran Hee sí es una profesional. Una profesional sin casi trabajo, agregaría yo. La negativa de Ran Hee viene por un evidente rencor que tiene desde que estaban en el colegio, cuando Seol Hee fue elegida como la cantante principal.

El encuentro la ha puesto de pésimo humor, y se descarga con su pobre mánager, criticándolo por haber escogido una presentación de tan bajo nivel, cuando fue ella misma quien la buscó en primer lugar.

Seol Hee reflexiona respecto a la vida de los cantantes, diciendo que se había sentido celosa de Ran Hee porque ella había seguido adelante con sus gustos, pero que ahora veía que tampoco le iba muy bien – y Hwa Ja estaba en medio de explicarle que así eran las cosas para los cantantes cuando un fuerte ruido fuera del cuarto les hace salir. Un par de borrachos idiotas hombres han agarrado a Ran Hee y quieren divertirse un rato, a pesar de su expresa negativa. Seol Hee recrimina a uno de los empleados del local, pero nadie parece dispuesto a meterse con este par de neandertales amenazantes.
Nadie excepto una Seol Hee con unos cuantos vasitos de soju de más, claro está. En plan gángster total, Seol Hee clava una pierna sobre la mesa, ladea los hombros y les da una mirada fea. Su fama en el vecindario puede no ser infundada, después de todo. ¿La mejor receta para un día de mierda? Insultar a un par de tipos borrachos en el nombre de la justicia. Seol Hee les advierte que se vayan, pero éstos sólo se ríen y le preguntan si quiere recibir una paliza – ante lo que ella dice que es muy molesto pelear con uno a la vez, así que se los va a encarar al mismo tiempo. Ohhh, ya la estoy amando. Ran Hee, por mientras, se escabulle sigilosamente por un costado.
Un pie estratégicamente empujando una mesa estratégicamente situada cerca de cierto punto estratégicamente  doloroso (las rodillas, malpensados) tumba a ambos señores contra el sillón, en un KO automático. 




Y como eso de no patear a los caídos sólo es cierto para un héroe de antaño, Seol Hee aprovecha sus momentos de sufrimiento para agarrarlos del pelo y…


Cárcel. Hwa Ja le llora al policía para que la deje llamar a su marido (si es que tiene y no es parte de un plan), mientras que Gángster Seol Hee, sentada en pose cool contra la pared, mueve un pie y agita los dedos pintados de rojos. Parece que va a ser una larga noche… o no. Uno de los policías llama su nombre, y la cara que se eleva hacia adelante sirve de augurio para lo que estoy pensando: Oh-oh… problemas.
Los esposos de ambas mujeres (perdón Hwa Ja, dudé de ti) han venido a buscarlas. El marido de Hwa Ja no parece para nada contento, y le grita a ella, a Seol Hee y al Abogado Cha, que no lo escucha. Sólo está mirando a Seol Hee, mientras ella trata de arreglarse un poco el pelo, con toda la pinta de una adolescente culpable agarrada por el padre. Sólo que en su caso es peor, porque la dura mirada de Cha Ji Wook está cargada de un desprecio y… decepción? Enojo? que no dicen nada bueno. Una palabra: “Afuera”, se da media vuelta y sola queda ella para seguirlo hacia el exterior.



El esposo de Hwa Ja se comporta como un verdadero maldito hasta que llegan al auto, cuando se derrite en una pila de dulzura y le dice que el tipo aquél le molesta tanto que quería joderlo un rato – ante lo que me dan ganas de golpearlo, porque si algo, su conducta sólo contribuyó a que Seol Hee la pase peor. Al menos Hwa Ja tiene un matrimonio feliz.





En otro auto, en una atmósfera muy diferente, Seol Hee trata de arreglarse mientras el Abogado Cha no está mirando, pero es interrumpida por sus palabras:




“ ¿Qué tan humillante vas a ser? Protege tu orgullo.” 
“ Fue un error.” 

“Eso dijiste el Septiembre pasado, también.”
Así que esta no es la primera vez que Seol Hee se salió de su rol de esposa perfecta… y noto cierta decepción (junto a toneladas de desaprobación) en su voz. Seol Hee no planea defenderse, y sólo se queda callada. Ji Wook entonces le dice al chofer que lo lleve a la firma, y a ella a casa. Seol Hee comienza a preguntarle por qué, pero titubea y cuando él se gira a hablarle, no puede mirarlo de frente.
“ Querida, no eres más sólo la esposa de un abogado. Necesitas recordarlo. No pido nada más de ti. Justo como tú no esperas nada más que mi dinero.”
Ohhh. Golpe duro. O bien Ji Wook se encuentra bajo el Gran Malentendido del Año con Letras Mayúsculas – que es lo que la cara sorprendida de Seol Hee parece indicar – o hay más verdad es el cuchicheo de las meseras en la fiesta de lo que pensé en un primer momento. Como sea, el Abogado Cha sigue sin agradarme, y lo que dice a continuación no hace más que reforzar lo que siento: 



“O consigue amistades que cumplan con mis estándares, o quédate en casa. No vuelvas a juntarte con tus viejas amigas.”








Sin saber muy bien cómo continuar – y aún bajo los efectos del alcohol, voy a asumir – Seol Hee parpadea un par de veces antes de decir que sus amigas, también, tienen problemas con él. Seguido de un muy, muy bajito “Daré lo mejor de mí”. ¿Escuchan mi corazón rompiéndose?
Después de dejar al Abogado Cha en la firma, y mientras el auto vuelve a la autopista, Seol Hee divisa a otro auto acercándose, y reconoce a la conductora como la misma mujer que hablaba y se reía junto a su esposo en la fiesta…. Sí, lo adivinaron, viniendo a las oficinas. Seol Hee le pide al conductor volver atrás, pero después lo piensa más, decide no tentar una posible furia y cambia de idea.



En casa, un CD para aprender francés es la única voz que le hace compañía – y el cruel destino quiso que la primera frase que sale de los parlantes sea “Fui completamente humillada”, seguido por “Te amo a morir”, “No te sientas tan deprimida” y demás. Recostada contra un mueblecito, frente a sus ropas caras, y hecha un desastre en vida, Seol Hee apoya la cabeza sobre sus rodillas y comienza a repetir las palabras en francés. Es una escena sutil, entre todo, y un toque agridulce para terminar aquella velada tan mala.


Un nuevo amanecer, un nuevo día. Seol Hee lleva una bandeja con el desayuno a sus suegros, que están en el jardín. La Señora Hong le informa a su esposo que a la tarde irán con Seol Hee a ver a un especialista en fertilización, ante lo cual el Señor Hong gruñe que no está seguro de que su hijo tan siquiera esté intentando darle un nieto – y Seol Hee se disculpa, asegurando que tendrán uno pronto. ¿Ese corazón que se rompió, párrafos atrás? Sí, ahora están pisoteando sus restos.

Como si la Querida Suegra no fue tan simpática ya, en el hospital le deja claro que sólo espera de ella que conciba un bebé – su educación, su crianza… no tendrá que ocuparse de nada de ello. Y por ‘no tener qué’, quiere decir ‘no hay lugar para tus ideas o tu papel aquí’. Vamos, que básicamente la mira como una máquina hace-niños. Y Seol Hee encima responde a todo un una sonrisa y un “Sí, Madre”. Argh, me quiere ver muerta. Puedo entender el desprecio de la Señora Hong, sin embargo, porque ésta – tal y como las meseras – parece convencida de que Seol Hee maquinó todo para conseguirse un esposo rico.

Sus palabras filosas se convierten en flores ante la presencia de los médicos, frente a los que ríe y asegura que ella “es como una hija para mí”. Seol Hee tenía razón: entre madre e hijo podrían ganar un Oscar.

Hay algo realmente mal con toda esta secuencia de un grupo de expertos asegurándole a la suegra que esta vez, de seguro, conseguirán un nieto para ella.  Sólo me ayuda pensar que sí, se supone que tengo que odiar todo esto – porque de lo contrario ya estaría escupiendo fuego.
A la salida del hospital, Seol Hee ve a una conocida, una doctora llamada Jae Hee. Le dice a su suegra que la verá más tarde y va a buscarla, ante los resoplidos incrédulos de la Señora Hong. Pronto nos enteramos de la razón por la que Jae Hee, que de hecho es su hermana, parece tan enojada con Seol Hee: está enojada ante su insinceridad  y carácter débil, diciendo que las clínicas de fertilidad están allí para los que realmente tienen problemas para concebir hijos, no para personas como ellas que sólo van para satisfacer los deseos de sus suegras. “¿Aún no duermes con él, verdad?” le pregunta, frustrada.  Y así no es misterio que no haya bebé en el horizonte – después de todo, no existen cigüeñas cargando bolsas con niños atadas al pico y radares de estrógeno.

Seol Hee no se enoja, pero recalca que todo el mundo envidia su vida actual. Aún si la apuntan con el dedo a sus espaldas, cuando ella los mira bajan la cabeza y hacen lo que dice. “Me gusta vivir así”, declara. Lo encuentro difícil de creer, sobretodo porque me parece que todo esto lo dice para no preocupar a su hermanita. “Si podemos tener una criatura in vitro, estoy segura de que su corazón se abrirá, también.”

Okay. Esa frase me sonó demasiado a acosadora obsesionada por atrapar al hombre de sus sueños.
Jae Hee continúa molesta, preguntándole cuánto más va a aguantar actuar como una pareja casada junto a un hombre que ni siquiera la ve, y Seol Hee responde que aún si todo el mundo le dice cosas, ella no debería ser así – que después de la muerte de sus padres, al terminar la secundaria, Seol Hee hizo todo lo que pudo para mantenerlas a las dos, y que quizás si no hubiera actuado así ahora Jae Hee viviría de una forma muy similar a la suya propia. Jae Hee responde que se vuelve loca cada vez que su hermana dice eso, porque no fue sino hasta después de graduarse de la facultad de medicina que su hermana sedujo al Abogado Cha, quedó embarazada y se casó con él. 
“¿En qué te diferencias a un parásito? Por favor, entra en razón. No vivas una vida tan patética, ten una vida más segura de ti misma!”
Sus palabras son duras, pero siento que bajo ellas hay verdadera preocupación, y qué familiar no se frustraría ante semejante conducta por parte de Seol Hee. Sin su hermana al frente, los ojos de Seol Hee se tornan rojos, y se lame los labios en un intento de recuperar el control.
Su carruaje esta vez no es un elegante auto negro, pero sí tiene chófer: su amiga Hwa Ja pasa a buscarla. Las muchachas se van a un bar donde se encuentran con la baterista, Soo In. Resulta que Soo In es mánager de un pequeño grupo, en el cual Seol Hee ha estado “invirtiendo” – ante lo que Hwa Ja dice “Aún si los combinas a todos juntos, jamás serán ni la mitad de buenos que nuestro Hong Ki de FT Island” y yo me declaro fan para toda la vida de ella. 
Soo In sale a la defensa de su grupo, diciendo que si bien no tienen mucha apariencia, sí tienen talento… y entonces les cuenta que ha conseguido un nuevo ‘entrenador’ para ellos, un guitarrista que, ahora que lo piensa, Seol Hee debe de conocer: Jang Tae Hyun.
Seol Hee se atraganta con la bebida y Hwa Ja se apresura a chismosear: no es nada más ni nada menos que el primer amor de Seol Hee, quien le tiraba los perros (la que aulló fue Hwa Ja, no yo!) en la secundaria pero nunca fue correspondida. Soo In las invita a ir a mirar la sesión de entrenamiento, y Hwa Ja se apunta de inmediato, pero Seol Hee se alborota y es toda ‘noo, cómo podemos, está trabajando!’ – a lo que Soo In dice que pueden mirar desde un costado sin problemas. Después de volver a negarse, Hwa Ja pone una de esas sonrisas de ‘yo sé tooodoooo!’, pero espera hasta que Soo In se va antes de hablar, susurrándole el nombre de ‘Jang Tae Hyun’ una y otra vez al oído, preguntándole si no siente curiosidad…

O sea, siendo la voz del diablo.




Soo In llega al taller donde se encuentran sus chicos, y ve a Jang Tae Hyun escuchando. Se acerca a saludarlos a él y a un productor, pero Tae Hyun la ignora. Escucha por unos momentos más – momentos en los que podemos oír a los miembros de Bye Bye Sea, una banda indie de verdad, cantando la misma canción que coloqué al comienzo de la entrada – antes de irse. Soo In, preocupada, sale tras él. Tae Hyun dice que la música no es para jugar, y que no piensa hacer algo con un grupo que actúe así. Tae Hyun no tiene paciencia, y su nivel de sensibilidad es el mismo de una roca, así que dice las cosas tal y como las piensa.




Ante lo que Soo In no queda muy feliz.
La próxima visita a la clínica de fertilidad cae en el mismo día del cumpleaños de Jae Hee, así que Seol Hee lleva comida para disfrutar juntas. De camino allí recibe una llamada diciendo que su hermana no había ido a trabajar, y Seol Hee se preocupa – por lo poco que hemos visto se nota que Jae Hee no es la clase de persona que faltaría a su trabajo por cualquier cosa. Preocupada, intenta contactarla, y se da con una sorpresa de lo menos agradable.


Jae Hee está enferma, desde hace tiempo ya, pero lo había mantenido en secreto. Tiene cáncer de huesos y necesita un trasplante de médula. Lejos de quebrarse a llorar, hacer las paces con su hermana o cualquier otra cosa similar, Jae Hee comenta fríamente “De lo que estoy segura es que tanto tu vida como la mía… ambas son miserables”.  Nunca he visto a un médico tan pesimista.




Seol Hee se va del hospital, pensando en las palabras del médico, que será difícil encontrar un trasplante si ella no llega a ser compatible, cuando su suegra la llama. Seol Hee mira la pantalla del celular, traga saliva y se limpia las lágrimas, haciendo todo lo posible para que su voz no se quiebre. ¿La masa rojiza de por allá? Esos son los restos mi roto, pisoteado corazón.


Al llegar a casa se sienta al lado de la Señora Hong y le cuenta de la enfermedad de Jae Hee. Para su crédito, la Señora Hong se vio francamente sorprendida y preocupada por ella. La Señora Hong habla de encontrar un donante rápido, ante lo cual Seol Hee dice que la médula con más probabilidades sería la suya propia, pero su suegra no quiere oír nada de eso – no ahora que tiene que cuidarse para poder concebir un hijo! Seol Hee la mira atónita, sin entender la lógica de esta mujer, que le dice que se cuide mientras ellos buscan un donante. Las intenciones de la Señora Hong no son malas – pero sus prioridades están horrorosamente mal.  Seol Hee intenta llamar a su esposo, pero éste está en una reunión, así que corta la llamada antes que pueda decirle más de dos palabras.

Después de pensarlo toda la noche (y de que el Abogado Cha no regresara, por supuesto), Seol Hee va al hospital a sacarse sangre para las pruebas. Resulta ser que su médula es compatible, y eso la termina de convencer. Decidida, va hasta la firma donde trabaja Ji Wook – quizás por primera vez desde que se casaron – y entra a su despacho para hablar con él.

Resulta que el Abogado Cha está al corriente de la enfermedad de Jae Hee, pero no quiere hablar de ello en el trabajo. Bueno, pues, genial… que tal si vas a casa de vez en cuando? Seol Hee se sorprende, y su cara se ilumina, aliviada. Más tranquila, le pide que la ayude a convencer a la Señora Hong para poder hacer el trasplante – pero no alcanza a terminar que Ji Wook la interrumpe: “Haz lo que Madre diga y no traigas caos a la familia. Sólo necesitamos encontrar un donante.” No quiere seguir discutiendo y regresa a sus documentos, tal y como si hubieran estado hablando de una mascota, o de a dónde ir a cenar; no de la vida de una persona, en especial una persona tan importante para la vida de Seol Hee como lo es su hermana. Y eso es lo que dice ella:
“Sin importar cuánto me falte, soy tu esposa, Jae Hee es mi hermana. ¿Tan difícil es persuadir a Madre? Sabes mejor que yo la razón por la que no tenemos un hijo. 
¿Cuánto más tengo que acomodarme a tus estándares para que empieces a verme como a un ser humano? ¿Por qué es tu familia tan cruel? ¿Durante cuánto más voy a ser tratada como una idiota?”
Lejos de conmoverse, Ji Wook le exige que baje la voz y la ataca a su vez, diciendo que fue ella quien se hizo un lugar a empujones en “la familia cruel”, haciendo uso de un embarazo como excusa. Por lo tanto, lo que debe hacer es no arruinar el deber que se le ha dado. Termina diciendo: “¿Sólo tu hermana es importante? ¿Qué hay de mi familia?”

Lo escucho hablar y me quiero arrancar los pelos. Un izquierdazo, Seol Hee! Un derechazo! Agárralo de los pelos como a los hombres del bar!

Seol Hee, con los ojos brillantes por las lágrimas, responde débilmente que en aquél entonces él la quería, dando a entender que había sido un desliz que cometieron juntos, no un plan malévolo de su parte. Ji Wook se echa hacia atrás en su silla y, mirándola a los ojos, le dice: “Nunca consideré casarme contigo”. Como si eso no fuera suficiente para desarmarla, continúa, “Sabes que no soy de los que cometen errores. El único error de mi vida fuiste tú.”

Cualquier empatía que pudiera llegar a sentir por Cha Ji Wook se fue por el drenaje. Es un hombre que se metió en un lío y, lejos de intentar arreglarlo, planea castigar a la persona que arruinó sus planes perfectos privándola de cariño y haciéndola sentir miserable.  Lo peor es que ella ni siquiera lo hizo a propósito – su cara al escuchar semejantes palabras en prueba más que suficiente – por lo que su vida en ese matrimonio no se diferencia en nada a una víctima inocente condenada a cárcel.

Seol Hee insiste una última vez en que la ayude a convencer a la Señora Hong y se va de la oficina, conteniendo las lágrimas. Todo el mundo que tan precariamente se había construido para ser algo feliz en aquella familia se acaba de desbaratar.



El solo de guitarra y la canción de Seol Hee que acompañan las siguientes escenas funcionan para demostrar sus sentimientos. Las últimas líneas de esta canción, en particular, dicen ‘Al final,  a quien odié… fue a mí’.

Pasan unos días, y Seol Hee está dividida entre el amor que siente a su hermana y sus obligaciones para con su familia. La Señora Hong le ha dicho que, mientras viva en aquella casa, ni su cuerpo le pertenece. Al final, en medio de una cena familiar, Seol Hee levanta la cabeza y se dirige a su suegro, que de entre todos parece ser el único amable. “Lo siento, Padre… Madre… Me voy a divorciar”.





Killing Me Softly acompaña la escena, con la decisión final de Seol Hee y las caras desconcertadas de los miembros de la familia. Seol Hee ha logrado conjurar algo de la fuerza y decisión que tiene sobre el escenario para finalmente volver a tomar las riendas de su vida.


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Comentarios: 
Disfruté mucho este episodio, con algunas interpretaciones muy buenas del reparto. Debo de haber estado tonta todo este tiempo, porque no fue sino hasta que empecé a ver la serie que me dí cuenta que Kim Jeong Eum es la misma mujer que protagonizó Romance, uno de los dramas que estoy viendo. ¡Qué linda sorpresa!


La secuencia del comienzo debe ser una filmación de la presentación real que hicieron en el festival Pentaport Rock, y debo decir que se escuchan bien.

No estaba segura de se iba a encariñarme con las otras mujeres de Madonna Band, pero con Hwa Ja fue amor a primera vista, y Soo In es bastante divertida, también. Por cierto, Seol Hee llama a Hwa Ja por un apodo, que suena a algo así como "Fa Ja" o "Fa zza", pero que me encanta.

Mi mayor incógnita era saber cómo hacía Seol Hee para vivir "en paz" con su familia política, y las razones por las que estaba casada en primer lugar; es triste verla mintiéndose a sí misma respecto al cariño de su esposo, y me gustaría saber más respecto a su supuesto estatus de 'cazafortunas'. Espero que lo exploren un poco más en episodios posteriores.

La música? Sorprendentemente interesante. Jeong Eum tiene una voz grave y tersa que no esperaba, pero que suena muy bien. 

Lee Jun Hyuk no ha hecho una gran aparición de momento, pero me gusta lo poco que vi. Mi única queja es que el estilo de su personaje me recuerda al de Jo Guk en City Hall. Y el que una de las chicas de la banda se llame "Soo In" (el nombre de su personaje en City Hall), no me va a ayudar a dejar de hacer comparaciones.

Ahora, al ver el siguiente!

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